Recién llegados de China el país donde los palacios milenarios, los bucólicos jardines y los tranquilos templos se mezclan con un bullicio de millones de personas.
Donde escupen en las esquinas, se saltan los semáforos y no respetan a los peatones pero a la vez se lo toman con tranquilidad, sin gritar, sin mirar mal, simplemente te roza un coche mientras cruzas en verde y tienes que aceptarlo; sin rechistar porque estás en China y es lo que hay.

En Madrid o Barcelona hubiésemos visto algún accidente con un tráfico así, en medio de ese caos , pero ellos paradójicamente lo tienen ordenado.
“Que nadie (des)ordene mi caos” decía mi profesor de química.

En este país caminarás por grandes avenidas y llegarás a un plaza gigantesca , tardarás horas en recorrer un tercio de un palacio y de repente estarás en un callejón “hutong” con cientos de bares donde te abrasará la boca y pondrás a prueba tu estómago. Todo el mismo día.

Puedes disfrutar cualquier cosa: ir de compras, cantar en un karaoke, comer gusanos… Imagínalo y hazlo. Siéntete Brad Pitt cuando te pidan fotos, da igual si eres guapo o no ¡eres occidental!

Sólo hemos estado en Beijing y Shanghai pero tenemos mucho que asimilar,  nos hemos quedado prendados y hay tanto aún por ver que volveremos ¿cuándo? Eso ya es otra historia.

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