La vieja Habana, la Habana Vieja.

Como un cuadro, estático, la Habana se quedó hace décadas atrás. Pero por sus edificios y calles sí siguió pasando el tiempo, creando arrugas y fisuras en algo que se podría comparar con  una preciosa mulata que se hace mayor.

Los colores se han apagado, las grietas se han hecho más grandes, los edificios algunos ya son inhabitables y se quedan solos sin poder contar historias de quien vivió en ellos.

Se paró, algunos dirán que en la Revolución. Como muchas otras revoluciones podía parecer una gran idea pero al final dejó secuelas sin solución. Depende a quien preguntes,  te hablarán orgullosos, otros cansados y otros en contra pero siempre con locuacidad.
Las paredes todavía hablan de Fidel, de Ernesto y de Camilo. Mucha gente ya no tanto.

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