Escribo recién aterrizada tras 9 horas de vuelo y 9 intensos días en Cuba.

Quizás no hemos visto todos los “must” que atestan las guías de viaje, pero hemos tenido las mejores conversaciones que se puede tener, esas que cambian tu forma de pensar, que te abren los ojos y que son un jarro de agua fría en forma de realidad.

Elena y yo hemos vuelto de Cuba con sabor agridulce, cargadas de información y con la cabeza dando vueltas como después de tomarte un mojito demasiado cargado.

Dulce por la gente maravillosa que nos hemos encontrado, agrio por muchas de las cosas que hemos aprendido o descubierto. Los más sorprendente y enriquecedor es que hemos vuelto apreciando nuestra suerte y siento más orgullo de lo “nuestro”.

Son tantas las conversaciones que cuesta recordarlas , pero todas tenían un denominador común: el desencanto.

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