Viajar haciendo escalas durante el vuelo es una de las mejores formas para ahorrar, aunque muchas veces esas eternas horas en el aeropuerto no compensan por el cansancio acumulado en horas muertas.

Ese café de máquina,sándwich de algo indeterminado y los incómodos asientos normalmente hacen que pienses ¿por qué? Sin embargo, en nuestro viaje a Egipto, la escala fue una oportunidad estupenda para tener un primer contacto con la capital de Grecia.

Volamos con la compañía Aegean y al comprar el billete vimos que era la escala perfecta (si es que eso realmente existe).

Nuestro vuelo salió de madrugada desde Madrid y llegamos a Atenas a las 6 de la mañana, en otra ocasión nos hubiésemos tirado en cualquier sitio de la terminal de tránsito e intentar dormir, pero esta vez teníamos hasta las 23.30 h que salía nuestro vuelo a El Cairo.

Si voláis solamente con equipaje de mano como nosotros, en la misma planta de llegadas disponen de una consigna “care4bag” en la que por unos 12€ puedes dejar la maleta todo el día.

Para ir del aeropuerto al centro hay varias opciones : bus, taxi o metro. Nosotros nos decidimos por el metro, que tarda unos 50 minutos y pasa cada media hora. El precio del billete, con el suplemento de aeropuerto, es de 18€ Ida y vuelta (10€ el trayecto).

Tras casi una hora de metro, a duras penas despiertos, llegamos al a Plaza Syntagma y así empiezan nuestras 12h en Atenas.

Horas antes de volar a Javi se le rompió una muela, “en casa del herrero…” y fue tocar tierra en Atenas, llegar a la zona de mayor concentración de manifestaciones en Grecia y decidió la susodicha empezar a dar la lata
Así que llamamos a Iati seguros.

No consiguieron decirnos una clínica a la que acudir un sábado por la mañana, cosa que nos fastidió un poco, pero finalmente decidimos tirar de google maps.

Así que allí estábamos, un grupo de 5 con 3 dentistas buscando una clínica para arreglarle a uno de ellos una muela. Todas a las que íbamos estaban cerradas y Javi no quería molestar , pero ante la idea de ir a una consulta en El Cairo… decidimos seguir la búsqueda.

Finalmente un hombre que paseaba con su perro nos preguntó qué buscábamos y nos puso en contacto con sus vecinas hermanas-dentistas.

Las dos mujeres aparecieron al rato, con toda su buena voluntad nos abrieron la puerta de su clínica y atendieron sin coste a Javi.
Una anécdota para el recuerdo ¡ευχαριστώ!

traductora, paciente y dentista

Muela arreglada y todo listo para seguir, nos fuimos a aprovechar nuestras horas en Atenas haciendo un free-tour contratado a través de civitatis.

Comenzamos cerca del estadio donde se celebraron los primeros Juego Olímpicos Modernos, el Panathinaikó .
Durante el tour pudimos ver las zonas más emblemáticas de la ciudad, el Arco de Adriano (límite entre la antigua Atenas y la nueva zona romana), y elTemplo de Zeus Olímpico.

El paseo Dionysiou Aeropagitou formó parte del recorrido, un paseo precioso, peatonal por el que disfrutar de una de las zonas más bonitas de Atenas y llegar a la impresionante Acrópolis.

Continuamos paseando rodeando el antiguo Ágora, corazón de la ciudad griega y llegamos al barrio de Monastiraki . En esta zona, tras la recomendación de típicos platos, postres y una explicación sobre la diferencia entre el yogur griego “de verdad” y el que venden en España (que nosotros no la notamos), se acabó este tour algo incompleto en cuanto a historia, pero útil para tener un visión general de la ciudad.

Ya teníamos una visión global de lo que es el centro de la ciudad y era la hora perfecta para comer. Nuestra mayor preocupación era que solo teníamos una comida en Grecia y muchos platos que queríamos probar.

Nos acercamos al restaurante Savvas, que había visto previamente buscando por la red, el cual no es una “típica” taberna o restaurante griego, pero tiene muchísimos platos nacionales y una terraza que te dejará boquiabierto.

Queda muy cerca de la plaza Monastiraki y como llegamos algo pronto, conseguimos mesa con vistas a la Acrópolis.

Pedimos 5 platos diferentes, entre ellos la conocida Moussaka (plato parecido a la lasaña), ensalada griega con riquísimo queso feta y kebab con diferentes salsas servido en plato, todo buenísimo y bañado con la cerveza griega Alfa.

El agotamiento nos empezaba a vencer, así que con esas vistas alargamos la comida con una buena sobremesa y todo por 14€ por persona ¿mejor plan para aprovechar pocas horas en Atenas? no lo creo.

Tras comer nos metimos en el bullicio de la plaza Monastiraki y el mercado que recuerda a algunos zocos. Nuestro plan era ir paseando hasta la Acrópolis pero los truenos empezaron a sonar, la lluvia caía de golpe como un grifo abierto y nos tuvimos que resguardar en una cafetería cercana.

¿Íbamos a estar en Atenas y no entrar en la Acrópolis? Durante un rato pensamos que así iba a ser, la lluvia intensa duró una hora pero finalmente Apolo (dios de la luz y el sol) hizo su trabajo y salió el sol.

Durante el tour mis compañeros de viaje ya habían echado el ojo a los patinetes eléctricos … y qué mejor excusa que el cansancio acumulado para decidir coger unos para subir parte de la cuesta hasta la Acrópolis. Así que allá fuimos, aunque novata di al final la talla y conseguí no matarme (ni matar a nadie).

La entrada a la Acrópolis cuesta 20€ , puedes conseguir descuento si cuentas con carnet de estudiante europeo. Si disponéis con más tiempo, podéis comprar la entrada combinada que permite entrar también a El Ágora, Templo de Zeus Olímpico y otros monumentos por 30€.

Junto a la entrada, tras subir una pequeña cuesta, nos recibe una vista espectacular : al fondo vemos el mar y el Pireo y en todas direcciones se extiene la ciudad blanca e impresionante tomando la Acrópolis como núcleo.

Desde esta subida podemos disfrutar de una visión del Odeón de Herodes mejor que la vista desde el tour, y la entrada al conjunto arquitectónico es entre unas inmensas columnas (Propileos), prefacio de lo que nos vamos a encontrar.

Lo habíamos visto en libros de historia, reportajes y películas, pero nada como la primera impresión al ver en persona el Partenón.

Este edificio, construído entre 447 y 432 a.c., en el cual se alojaba una enorme estatua de Atenea Parthenos es , a pesar de los andamios, digno de ver y de admirar. No me lo esperaba, pero me impresionó por su belleza y por su ubicación que lo hacen todavía más “épico”.

Tras un largo paseo admirando las misteriosas Cariatides del Erecteion (columnas con cuerpo de mujer de las cuales hay varias teorías sobre la identidad de las mismas) y el Templo de Atenea Niké, salimos y cruzamos hacia la  Colina Filopappou.

Cariatides – Acrópolis Atenas

La subida a la colina es gratuita y tras unos 10 minutos llegamos a la cima,desde la cual disfrutar de otra vista espectacular de la ciudad y con la Acrópolis en medio. Nos hubiese encantado poder ver anochecer allí y ver iluminado todo el conjunto, pero nuestras horas en la ciudad llegaban a su fin.

Volvimos a coger los patinetes, probamos un yogur griego con miel y recorrimos parte del camino hasta Syntagma, Óscar y yo nos quedamos sin batería y volvimos a pie por el paseo.

Empezaba a caer la noche en Atenas y el bullicio aumentaba, nos quedamos con ganas de vivir un poco más esta ciudad, probablemente muy similar a una ciudad española al caer la noche.

En el tren de vuelta al aeropuerto decidimos que volveríamos para disfrutar más de Atenas y conocer otro cachito de esta nación histórica.

¡Esperemos que sea pronto!

Pero por delante teníamos una gran aventura, una semana en otro lugar no menos histórico ¡Egipto allá vamos! y lo que vino después no estuvo nada mal…

Así que si en tu próximo viaje tienes que hacer escala, no te desilusiones y si puedes planificar algo para aprovecharla ¡qué buena idea! ¿Alguna vez lo habéis hecho?

Y para los que ya han estado en Atenas, ¿qué nos recomiendan para la próxima visita?

Mientras … nos vemos en el próximo destino, viajero.