Es viernes, dos de la tarde. Como el verano ya no es de dos meses de vacaciones tenemos que aprovechar los fines de semana al máximo.

Así que me subo en EL coche, ese que hace girar cabezas y que dices ‘ pfff mira que es feo, ¿quien se lo compra? ‘ pues ese, con sus seis plazas tamaño autobús es el que nos va a llevar de ruta.

Maria arranca y nos ponemos rumbo a Cantabria, llevamos reservado un hostal en Torrelavega y luego ya … lo que surja. No sabíamos que íbamos a acabar en Asturias en un camping. Pero no adelantemos acontecimientos.

Tras una parada estratégica en la provincia de Burgos a comer ( y a cazar pokemons ) seguimos hacia Cantabria.

Cuando vemos el cartel de bienvenida, nos acordamos de Bustamante, de nuestros 13 años y entramos en su tierra con sus ‘temazos’. Un multipla y “no soy un superman” de Busta, todo muy vintage.

Nuestra primera parada es Santillana del Mar.

Esta villa, que es triplemente mentirosa (ni Santa, ni llana, ni con mar) nos esperaba con sus quesadas, sobaos y de todo y más para saltarnos la dieta olímpicamente. Sus calles empedradas,la Colegiata, la Plaza Mayor etc nos encantaron.

Tras una primera parada en información y turismo hicimos la ruta recomendada : subir por la calle principal hasta la Colegiata y luego desviarnos para llegar a la Plaza Mayor.
Los balcones con flores, la arquitectura … todo el pueblo en sí es realmente encantador.

De camino, nos llamó la atención el “Museo de la tortura”, el precio por adulto es de 3’60€ así que paramos a visitarlo.

Es un museo cuanto menos curioso. Entre el empalamiento, el cinturón de castidad y el garrote vil estábamos alucinadas y sobretodo cada vez que leíamos en un cartel que algunos aparatos estaban siendo utilizados en alguna parte del mundo ¿pero comorrrr?

Muy recomendable y siempre hay algo que aprender, aunque sea sobre lo que te puede pasar si eres una “descarriada”.

En Santillana se puede visitar el Museo de Altamira, sin embargo las cuevas tienen el acceso restringido. Tan sólo se puede ver los viernes en grupos de 5, por lo que hay que consultar disponibilidad con tiempo.

Después de esta visita a Santillana, continuamos hasta Torrelavega. El Hotel Besaya estaba bien, buena relación calidad precio y con desayuno incluido.

En recepción había una chica joven y le preguntamos  por donde salir esa noche ¿En Torrelavega un viernes?” su cara fue un poema. Al parecer había fiestas en Suances, Comillas y Santander … con lo cual nada de nada en Torrelavega. Los autobuses nocturnos a Suances, a unos 15′ en coche, no funcionan por la noche excepto sábados y miércoles.

Así que fuimos a cenar por el centro de Torrelavega, hay bastantes bares y pubs, probablemente un día que no haya fiestas en otra zona tendrá ambiente.

Tras hacer noche, nos dirigimos a Suances pero aquí comenzó nuestro tour en coche. Debido a las fiestas del Carmen la entrada del pueblo estaba colapsada y había una caravana de al menos una hora por lo que decidimos irnos a Comillas.

Paramos en una playa que vimos  desde la carretera para tomar un rato el sol.
Continuamos  hacia Comillas y según entramos en el pueblo nos encontramos coches aparcados hasta en las isletas. Nuestro gozo en un pozo, ni “El capricho de Gaudí” ni nada. Todo hasta arriba e imposible aparcar… así que seguimos nuestro camino (menos mal que las ventanas del multipla son tipo panorámicas).

Y estando todo tan lleno ¿ a dónde podíamos  ir ? pues clarísimamente a San Vicente de la Barquera, si Bustamante había sufrido tanto por estar lejos de él en OT teníamos que ir a visitarlo.
Milagrosamente en San Vicente encontramos un aparcamiento subterráneo al lado del puerto y a pesar de que también había fiestas pudimos parar a comer y dar una vuelta. Un pueblo muy bonito y con buenas playas.

 

Mientras comíamos buscamos como locas donde dormir esa noche. Cualquier sitio de Cantabria estaba ocupado, y en Asturias otro tanto… menos mal que somos chicas preparadas para la vida moderna y nos habíamos llevado la (bendita sea) Quechua.

En Gijón encontramos en el Camping Gijón Costa Surf   que ¡ había sitio !
Muy bien situado (al final del paseo marítimo) y el precio es de unos 18€ por dos personas+tienda+coche.

Así que ya con el tema alojamiento solucionado cruzamos la frontera hacia Asturias.
Como nos quedaba de camino paramos en la famosa playa de Gulpiyuri (Ayto. de Llanes).

Se trata de una pequeña playa en el interior, pero con agua de mar. En una costa acantilada de roca caliza el mar fue creando una cueva hacia el interior y el fondo de la cueva se hundió creándose esta calita. Es pequeña y prácticamente solo te puedes remojar más que bañar pero está muy bien resguardada del viento y se estaba muy a gusto.

Cuando llegamos había bastante gente, quise esperar un poco a que se despejase para hacer fotos pero cuando me di cuenta ya no había agua (vale, confieso que me quedé dormidísima en la silla playera) . Así que para otra vez.

Hasta Gijón hay algo menos de una hora por carretera.
Este fin de semana se cerraba la Semana Negra de Gijón y la ciudad estaba llena de gente y ambiente. Si queréis salir, toda la zona a la orilla del puerto está llena de pubs y alguna discoteca grande (La buena vida), encontraréis buen ambiente hasta entrada la mañana.

Después de una larga noche decidimos rematar el fin de semana acercándonos al Llagar de Bernueces (uno de los más antiguos de Asturias) y que está a tan sólo unos 10 minutos.

Nos comimos un buen cachopo, como debe ser. De cecina y queso de cabra que estaba increíble. El precio es de 22€ y debido a su tamaño es preferible comerlo entre dos.
Tras unas sidrinas, una  siesta en la playa de San Lorenzo y recoger la quechua… el fin de semana estaba hecho.

 

Bueno, no podíamos acabar sin equivocarnos en la carretera y acabar subiendo el puerto Pajares en todo su esplendor… eso sí ¡ vaya vistas ! Buenos pueblos para retiro espiritual hay en la subida.

Y vosotros, ¿habéis aprovechado el fin de semana?

 

 

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