Pleno mes de julio, Roma.
Así comienza nuestra historia ( de mi amiga Laura y yo).

Ilusionadas porque nunca habíamos estado en la capital italiana llegamos al aeropuerto de Ciampino y tras el trayecto en bus que nos llevaba a la ciudad empezaron nuestras peripecias.

Nuestro hotel estaba situado en el barrio de Trastevere, pero no en la zona de casitas que os estáis imaginando, sino algo más alejado como en una zona nueva.
Después de cruzar el río en autobús pegadas a otros guiris como solapas nos bajamos y fuimos en la búsqueda del circular que según la página web del alojamiento nos dejaría allí.
Cuando llevábamos 20 minutos le preguntamos al conductor y no tenía ni idea de qué hotel le hablábamos  por lo que decidimos bajarnos… En realidad solo faltaban cuatro paradas pero a 35º a las doce del mediodía ¿ a quien no le apetece dar un paseo por una calle sin árboles ?

Nada más llegar el recepcionista (Hotel Ponte Bianco) nos regaló mil piropos del tipo italiano semi-pesado, pero cuando nos dimos cuenta de que nuestra habitación estaba en una 5ª planta y el ascensor estaba estropeado no nos dió ninguna solución.

Tras descansar y comer, comenzó nuestra visita a la ciudad.


Nos acercamos hasta el Vaticano en tren, allí vimos los primeros asiáticos al borde de la muerte por sol haciendo cola para entrar en San Pedro, sin embargo nosotras preferimos verlo por fuera y reservar para los Museo Vaticanos (la opción nocturna es más barata, hay menos gente y con la fresca se está algo mejor).

Mientras paseamos por la Piazza del Popolo y el Castel Sant’Angelo, haciéndo tiempo para disfrutar de la Capilla Sixtina (‘Silence please, No photos’).

 

 

El primer día lo llevamos bien, pero nuestra lucha contra el ‘jamacuco’ empezó al día siguiente. Hacía muchísimo más calor y teníamos mucho que patear.
Cuando empezamos a caminar por la mañana se apareció ante nosotras la solución, ahí estaba una tienda TIGER que es como un todo a cien de toda la vida pero danés entonces le da como más glamour.
¿Qué compramos? un spray. Un spray verde fosforito en concreto, pero sobre él os hablaré más adelante.

Empezamos bajándonos en bus en el Monumento a Victor Manuel, a mí personalmente uno de los edificios que más me gustó. Es un monumento enorme, como puesto en una plaza en la que no cuadra. Como quien coge y dice ‘ala pues aquí mismo que tenemos sitio‘ no me lo esperaba así de impresionante.

Monumento a Victor Manuel.jpg

Decidimos ir hacia la zona de la Bocca della Verità rodear un poco y pasar por el Monte Aventino. Vale, pues nunca llegamos.
Nuestro mapa, el que nos dieron en el hotel, tela con él. No valía ni para… en fin.
Los monumentos aparecían representados pero al revés,  cosa que despistaba bastante y además no sé qué pasó ese día con  el Monte Aventino pero fue tipo triángulo de la Bermudas en serio. Se lo comieron, se lo llevaron los extraterrestres o fue efecto del golpe de calor. Pero el caso, es que incluso preguntando a la gente ésta nos miraba con cara rara porque no sabían de qué les hablábamos. En fin, cosas que pasan. Lo dejamos por imposible, pero sabemos que íbamos por el buen camino y que existe (porque luego mi padre me enseñó las fotos tan bonitas que habían sacado ellos cuando fueron a Roma).

Ya era hora de comer, y eso hicimos. Cerca del Coliseo para después poder visitarlo.
Nos recomendaron el Ristorante Luzzi, y allá fuimos. Comida casera, rica y a buen precio. Recomendable.

Para entrar al Coliseo, la noche anterior compramos las entradas.
En serio, es lo mejor que podéis hacer. Nos saltamos una cola en la que había más gente a punto de quedarse pegada al suelo de la que había visto nunca. Pasamos tranquilamente a la hilera de tickets online y no estuvimos más de 10 minutos al sol (ahí te sientes tipo vídeo de thug life).

El Coliseo por fuera es impresionante, pero por dentro nos decepcionó un poco. Claro que te tienes que imaginar a Máximo Décimo Meridio a punto de entrar en combate y demás, pero aún así para mí lo bonito está por fuera.

 

 

Después de recorrer el Coliseo y el Foro Romano decidimos que era hora de dejar de caminar. Porque a pesar del calor, llevábamos todo el día yendo andando a los sitios.
Vamos, que no pisábamos un bus ni para colarnos (paga Berlusconi). Pero puesto que por la mañana habíamos estado en busca del monte perdido y viendo el Circo de Máximo (decepción, si no os sobra tiempo no vayáis,solamente queda una explanada enorme); finalmente cogimos el metro.

Metro
Buscando fuentes y aprovechando la sombra del metro

Cuando estás en una ciudad tan caótica y llena de gente como Roma, y le sumas una ola de calor en julio necesitas un plan.
Así que,  como ya habíamos pasado suficiente calor , allá nos fuimos a recorrer Roma de fuente en fuente.

Bajamos en la parada de metro de la  Plaza de España, la fuente que se sitúa en el medio
Fontana de la Barcaccia ‘ (por tener un barco en el medio) fue nuestro primer repostaje del spray. Al principio la gente nos miraba raro, pero luego su cara cambiaba a ‘anda pues estas dos no han tenido tan mala idea’ . Tuvimos la mala suerte de que la iglesia al final de la escalinata estaba en obras por lo que nos quedamos sin verla.

Seguimos camino de la famosa Fontana de Trevi, ya nos veíamos como en la ‘Dolce Vita’ (no bañándonos, pero al menos mojando los piececeillos ) pero nuestro gozo en un pozo. La Fontana estaba en obras, y tenía para rato.

Nos tuvimos que conformar con un helado y una foto con la preciosa mampara de cristal que le pusieron todo alrededor.

 

 

Antes de ir a Roma habíamos visto en fotos la Cripta de los monjes capuccinos en la Iglesia de Santa maría de la Concepción, en varias webs comentaba que era gratis. Pero han visto el filón y ahora te cobran 6€, decidimos no entrar porque teníamos que esperar casi una hora y yendo sólo un fin de semana teníamos el tiempo algo justo.

Fuente Triton - Roma
El Tritón en todo su esplendor

Eso sí, al lado de la Iglesia os encontraréis con la Plaza Barberini y la fuente del Tritón en el medio (ole qué torso le hizo Bernini). Después de las fotos y rellenar de nuevo subimos por la Via delle Quattro Fontane y eso nos encontramos en el cruce, cuatro fuentes una en cada esquina todas con agua bien fresca.

Poco nos quedaba de ese día, bus, hotel y dar una vuelta por Trastevere.

Al día siguiente paseamos hasta el Panteón de Agripa, y Campo de Fiori , allí había un mercado y si os lo encontráis aprovechad para comprar de todo. Nosotras, limitadas por ryanair, sólo pudimos hacernos con unos botes de pesto pequeños tanto rojo como verde y paté de olivas. Pero podríamos habernos llevado de todo y más. ¡Qué pinta!

Después caminamos por Piazza Navona, la ‘ Fontana dei Quattro Fiumi ‘ es impresionante.
En esa zona hay muchas terrazas donde veréis a la gente tomándose algo: su copita de champán, un vino, todo con mucho glamour y claro, nosotras de cool rellenando el spray  y echándonos agua (¡flis,flis!) por encima la verdad que no teníamos mucho pero, que nos quiten lo refrescao ¿ o no ? 

 

Por último, decidimos volver a callejear por Trastevere y subir hasta Gianicolo (nos habíamos quedado con ganas de subir a un alto con vistas). Sobra decir que por supuesto, fuimos andando. Es una subida considerable, una buena caminata y más cuando ves que hay un bus (por supuesto esta vez sí lo cogimos, para bajar).

La fuente que hay en Gianicolo Fontana dell’Acqua Paola es una de las más bonitas que vimos y junto con la vista que hay desde arriba, valió la pena.
Además, lo que no pudimos hacer en la Fontana de Trevi lo hicimos aquí tranquilamente. No había mucha gente así que decidimos descalzarnos y recompensar a nuestros pobres pies con un buen remojón.

 

Cuando bajamos nos tomamos el tradicional aperitivo italiano , pagamos la bebida y disfrutamos de una barra libre de pequeño aperitivos. Se toma por la tarde, como una “precena” , el precio ronda desde los 7 a los 10€ dependiendo del sitio .

En nuestra última noche en Roma aprovechamos para pasear al lado del río Tiber donde había muchísimos bares para tomar algo después de un buen banquete que nos pegamos en ‘ Carlo di Menta ‘. Un restaurante en Trastevere muy bien valorado en tripadvisor, no llama especialmente la atención pero la comida está rica, tiene una terraza en una zona muy chula del barrio y los precios muy asequibles.

 

 

Ya contábamos nuestras últimas horas y rehaciendo las maletas nos tuvimos que dejar el spray fuera porque no entraba.
Había hecho su trabajo y ya os digo, comprad uno y conquistaréis Roma.

Arrivederci!

 

 

 

 

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