Con sus miles de kilómetros de longitud, sus siglos de historia y como una de la 7 maravillas del mundo modernas sin duda la Gran Muralla es una visita obligatoria para todo aquel que viaja a China.

Antes de hacer nuestro viaje habíamos echado un vistazo en varios blogs que recomendaban ir por libre a la Muralla para no pagar precios excesivos y porque se puede hacer cómodamente. Nosotros decidimos ir a la zona de Badaling, la más cercana a Pekín y la más masificada, pero al tratarse del mes de marzo no pensamos que fuese a haber tanta gente como decían que se llegaba a reunir en verano.

Así que allá fuimos, la opción que más recomendaban era la del tren por lo que nos dirigimos a la estación norte de Pekín ( la ciudad cuenta con cuatro, una por cada punto cardinal ). Y aquí se acaba nuestra historia con el tren a la Muralla China, porque según llegamos a la estación nos esperaba un cartel donde decía que no circulaba, que nos dirigiésemos a la estación de autobuses y que allí cogiésemos una de la dos líneas que llevan a la zona. Sin embargo, tampoco puedo contaros nuestra experiencia en el autobús porque finalmente fuimos en un “Taxi pirata”.

Si os pasa lo mismo que a nosotros, tened claro que vais a tener a una docena de chinos gritando y ofreciéndoos viajes hasta Badaling, con fotos de sus coches y ganas de regatear.

Nosotros tras ver una cola de aproximadamente tres cuartos de hora para coger el metro hasta la estación de buses y dar por hecho que no iba a ser “llegar y besar el santo” e íbamos a tener que esperar a saber cuanto tiempo por un bus, nos decantamos por el “taxi”.

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Precaución amigo conductor

La verdad, que fue una muy buena opción porque pagamos entre los cinco 400 yuanes (por cabeza unos 11€). Fuimos en una minivan amplia, con otros 3 chinos (o al menos asiáticos) a los que también captó la mujer del conductor y no tardamos más de una hora.
La cosa es un poco turbia cuando tienes que caminar un rato fuera de la estación e ir a coger la furgoneta en una callejuela, pero al menos hay un baño público para que no te hagas pis por el camino ¡ todo un detalle !

En principio pretendíamos pagar 200 yuanes a la ida y luego la otra mitad a la vuelta, pero sospechosamente nos pararon a 10 minutos de la muralla y una señora que chapurreaba inglés nos estuvo dando la tabarra para que pagásemos antes de llegar. Así que finalmente nos dejamos de rollos, pagamos todo y santas pascuas.

El conductor y su mujer nos esperaron a la hora acordada (nos dejaron unas 4 horas para recorrer el tramo de muralla) y nos llevaron sanos y salvos a Pekín ¿qué más se puede pedir?

 

Respecto al monumento en sí,  el tramo de Badaling está reconstruído. Probablemente no sea la zona más impresionante para visitar, pero vale para captar la esencia de esta construcción. La verdad que pensar que esa obra descomunal se planificó y contruyó hace tantísimos siglos fue lo que más me impactó y es algo a tener en cuenta para valorar lo que estamos viendo.  El precio para entrar es de 45 yuanes (unos 7 euros).

Preparaos para subir cuestas de las buenas (ni en Coruña las tenemos así de empinadas) , tener que esquivar un montón de gente y sus palos selfies, pero sobretodo para disfrutar de unas vistas geniales, aunque muchos de los Chinos con los que os crucéis os considerarán a vosotros buenas vistas.

En la Muralla China fue en la zona de este país donde más gente nos paró para hacerse fotos con nosotros (no por guapos eh,por ser occidentales). Es un monumento con un turismo masivo, pero como en casi toda China, es turismo interno.

Habrá varios tipos de fotógrafos :  los que se acercan y os la piden, los que aprovechan para haceros una foto mientras posáis para vuestras propias fotos o ya los que directamente os pondrán el palo selfie a 10cm de distancia de vuestra cara y “disimuladamente” click!
Lo mejor cuando los cacéis es saludarles y empezarán a reírse, puede que se corten y sigan su camino, o como nos pasó con algunos, que se vengan arriba y te monten un photocall con toda la familia. Desde los abuelos hasta con los niños todo para fardar luego al volver a casa con sus vecinos.

La verdad que es algo curioso como viajando a un “país exótico” lo exótico puedes acabar siendo tú.

Cosas de chinos.

 

 

 

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