Más de un año después las ruedas de mi maleta vuelven a resonar por un aeropuerto, un aeropuerto mucho más vacío, menos gente, menos ruido, misma ilusión.

En uno de estos paréntesis que nos ha dejado este año pudimos aprovechar y escaparnos a Lanzarote, nunca hubiésemos pensado que un “pequeño” viaje nos fuese a hacer tanta ilusión como uno “largo” hace un año.

Nos montamos en el avión, la mascarilla se hace rara, el espacio pequeño, la azafata no te sonríe, pero todo sigue igual. Despegamos, llegamos. Estamos en Lanzarote contra todo pronóstico y toca disfrutar de este paraíso unos días.

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