Pleno mes de julio, Roma.
Así comienza nuestra historia ( de mi amiga Laura y yo).
Ilusionadas porque nunca habíamos estado en la capital italiana llegamos al aeropuerto de Ciampino y tras el trayecto en bus que nos llevaba a la ciudad empezaron nuestras peripecias.
Nuestro hotel estaba situado en el barrio de Trastevere, pero no en la zona de casitas que os estáis imaginando, sino algo más alejado como en una zona nueva.
Después de cruzar el río en autobús pegadas a otros guiris como solapas nos bajamos y fuimos en la búsqueda del circular que según la página web del alojamiento nos dejaría allí.
Cuando llevábamos 20 minutos le preguntamos al conductor y no tenía ni idea de qué hotel le hablábamos por lo que decidimos bajarnos… En realidad solo faltaban cuatro paradas pero a 35º a las doce del mediodía ¿ a quien no le apetece dar un paseo por una calle sin árboles ?
Nada más llegar el recepcionista (Hotel Ponte Bianco) nos regaló mil piropos del tipo italiano semi-pesado, pero cuando nos dimos cuenta de que nuestra habitación estaba en una 5ª planta y el ascensor estaba estropeado no nos dió ninguna solución.
Tras descansar y comer, comenzó nuestra visita a la ciudad.


