Después de 10 días en casa, apenas teniendo como “evento” el acudir al supermercado una vez a la semana, he recordado un pasatiempo que tenía con mi hermana.

Cuando internet solo comenzaba a emerger en nuestras vidas, cuando solo intentaba facilitarnos el trabajo y abrirnos el mundo.
Antes de que absorbiese el día a día, la forma de ser o la forma de enfrentarse a la opinión de los demás de mucha gente.

Antes incluso de que muchos idealizasen la vida de un desconocido a través de una pantalla y por una (demasiado pensada y repetida) foto.

Antes de eso, cuando los dominios de moda eran “terra.com” ,“eresmas.es”, palabras desconocidas para la generación Z; mi hermana y yo usábamos esto para  hacernos felices con un pequeño detalle.
A veces a diario, otras veces semanal.

¿Qué hacíamos?

Nos enviábamos “postales virtuales”.

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