Lo bueno de conocer a gente que le encanta viajar y que además es “copywriter” es que siempre puede estar dispuesto a ayudarte para tener un nuevo post en el blog.

¡Efectivamente! Este nuevo viaje no es mío, sino de Ángel (@_worderlust) que nos lleva a recorrer Berlín al fresquito de diciembre durante 5 días ¿vamos?

Nunca había ido a Alemania. Siempre tuve este país en la columna de los ‘Debo ir’, pero al final siempre terminábamos escogiendo otro sitio.

Pero este año se presentó la oportunidad de rebote. En realidad no teníamos ni idea de qué escoger para ir unos pocos días en diciembre.

Después de descartar Paris y Múnich por el precio del combo avión+hotel, quedaban Roma y Berlín. Pero a pesar de que la capital italiana salía unos 50 euros por cabeza más barata, me lancé de cabeza por Berlín al ser la única que ninguno de los 2 conocía.

Así que allí nos plantamos el 15 de diciembre en un vuelo directo Madrid – Berlín a través de Vueling. La vuelta la compramos para el 21 por Easy Jet.

Llegando a Berlín

En Berlín hay 2 aeropuertos funcionando. En nuestro caso, el avión aterrizó puntual a las 23 horas en Berlín Tegel.

La primera sorpresa es ver que es un aeropuerto más bien pequeño y con aire vintage –por no llamar viejo-.

Para bajar hasta nuestro hotel, compramos 2 billetes que se pueden usar por 2 horas –siempre que vayas en la misma dirección- por 2,80€ por cabeza en una máquina que hay justo donde está la parada de bus del aeropuerto. 

El autobús, rotulado TXL, pasa cada 10 minutos y aunque habíamos leído que sólo pasaba hasta las 23 horas, imagino que por estar en Navidad, ese horario estaba ampliado –si no, habría tocado taxi-.

Cuando entras en el autobús, hay que marcar el billete para que empiece a contar el tiempo. Y cuidado con no hacerlo, porque la multa es de unos 60 euros. Esto hay que hacerlo siempre la primera vez con todos los billetes de Berlín –que combinan todos los tipos de transporte: autobús, tranvías y trenes-.

Hacemos el check-in en el hotel y ¡a dormir!

Día 1 por las calles de Berlín

Nuestro hotel estaba un poco a las afueras aunque con buenas conexiones –MEININGER Berlín Tiergarten-. Y a pesar de eso y de que ya salimos tarde del hotel, decidimos que como era el primer día, no íbamos a usar el transporte público.

Al ser domingo, la primera visita iba a ser al Fleamarket de Mauerpark. El típico mercadillo de fin de semana, que se celebra los domingos, y uno de los más famosos de Berlín.

Cuando estábamos llegando al mercadillo, nos damos cuenta que estábamos pasando por el Cementerio Gedenkstatte Berliner Mauer, donde hay… un trozo del muro de Berlín.

No lo habíamos visto en la ruta y nos sorprendimos al ver el pedazo de Memorial que había ahí. Sobre este cementerio, usaron las paredes del mismo como parte del muro para cerrar la frontera entre las 2 Berlín.

Aquí hay, además de trozos del muro real, una serie de explicaciones, historias y fotografías del primer día de cierre del muro y un poco de la vida cotidiana mientras existía. Y fue donde nos enteramos que justo por donde pasaba está marcado en el suelo con una serie de ladrillos en todo Berlín.[

Cementerio Gedenkstatte Berliner Mauer

Después de dar un paseo por todo el Berlin Wall Memorial, seguimos la ruta al mercadillo.

Es bastante grande y es el típico de siempre: comida, bebida, ropa, flores, plantas, muebles, utensilios de todo tipo… Y a partir de las 3 de la tarde, había un karaoke… Que no llegamos a ver.

Por supuesto, ¿Quién no sale de un mercadillo comprando algo? Así que en este caso, mi pareja trajo unos pendientes de vuelta… Que compró a una chica argentina.

Estuvimos tan entretenidos mirando todo –y tiritando de frío- que se nos pasó por completo sacar alguna foto. ¡Ni con el móvil!

Una vez salimos del mercadillo, sacamos Google Maps y pusimos dirección a Alexanderplatz.

De camino, nos vamos dando cuenta de cómo es Berlín. Una ciudad muy tranquila, edificios en su mayoría de baja altura… y donde se nota bastante que es una ciudad que aún está a medio construir.

Al llegar a Alexanderplatz ya es de noche, momento ideal para disfrutar de uno de los tantos mercadillos de Navidad que hay por la ciudad y ver la impresionante Torre de Telecomunicaciones que está justo al lado.


Mercadillo Navideño de Alexanderplatz. ¡Gente, mucha gente!

Muchísima comida, muchos puestos de ropa y por supuesto, sitios donde comprar adornos de Navidad. 

Tocaba comer algo así que, un par de Currywurst, un poco de kartofen con salsa, otro par de Glüwein y de postre, uno de los tantos dulces que había. ¡Todo buenísimo! Y lo mejor, nada caro.

Y después de la caminata del primer día, toca bajar la comida. Así que, caminar de vuelta al hotel y ¡a cama!

Día 2. Un poco de historia de Berlín

Una de las cosas que comentaban por los blogs es que era buena idea hacer un tour gratuito para conocer muchas cosas que se nos podían escapar de una ciudad como Berlín.

Googleando, nos encontramos con la página de Freetour donde podíamos escoger el tipo de tour y además, podía ser en español.

Lo habíamos reservado unos días antes, cosa que recomiendo porque están bastante concurridos incluso en invierno.

El punto de encuentro era frente a la Puerta de Brandenburgo, del lado de la embajada de Estados Unidos, en la Pariserplatz –o plaza de París. La embajada de Francia también está aquí-. El día antes, de vuelta al hotel hicimos una pequeña desviación del camino para pasar por la puerta y la verdad, impresiona.


La puerta de Brandenburgo. Mucho más grande lo que me esperaba.

Nuestro guía, Franco –sí, apenas se presentó ya soltó la coñita con los españoles-, es un chaval argentino que nos explicó todo muy bien.

Allí nos hizo un superresumen de la historia de Berlín y el nacimiento de Alemania tal y como es ahora, comentando detalles muy interesantes –unos 700 años en media hora- y explicando algo que yo, la verdad, nunca me había planteado: cómo era el muro de Berlín.

Por si no lo sabes, Berlín quedó plantada en medio del territorio que dominaban los soviéticos una vez terminó la Segunda Guerra Mundial.

Pero Berlín era Berlín y los 4 países que llegaron a esta ciudad –Unión Soviética, Estados Unidos, Inglaterra y Francia- la dividieron en 4 sectores. Así que quedó una ciudad en medio del territorio oriental donde estaban todos conviviendo.

Con el paso del tiempo, la gente que vivía en territorio dominado por los soviéticos empezó a mudarse al lado occidental al punto que 1/6 de la población de Berlín Oriental se pasó al lado Occidental.

Fue en ese momento cuando desde la URSS decidieron que no podía seguir pasando y en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, los soviéticos cerraron la frontera. En otras palabras, encerraron los territorios de los otros 3 países alrededor de una especie de cordón sanitario. Nadie podía entrar ni salir de esos territorios y daba igual si vivías en un lado u otro.

Y así, mientras construían el muro –no se construyó el muro de la noche a la mañana-, nadie podía abandonar territorio soviético para pasar a las áreas capitalistas. No era de defensa del territorio capitalista, era para no permitir la salida desde el lado soviético a estos territorios.

Una vez contada la historia, el guía nos comentó que la Puerta de Brandenburgo quedó en tierra de nadie al estar en la frontera entre las 2 Berlín. Estaba justo en medio de los 2 muros que separaban –el famoso de Berlín y otro de seguridad- la ciudad y por tanto, durante el tiempo que duró la separación, estuvo sin mantenimiento.

La primera parada nos llevó por el Monumento a los Judíos asesinados por el régimen. Son exactamente 2711 losas con alturas completamente distintas que al adentrarse entre ellas transmiten sensaciones como inquietud, desasosiego, frialdad… Y de verdad que lo hace.

El siguiente punto a visitar fue uno de los más famosos del muro: Checkpoint Charlie. El paso fronterizo en el que hubo uno de los encontronazos más peligrosos en la Guerra Fría. Durante 10 horas, tanques soviéticos y americanos estuvieron apuntándose a raíz de algo tan nimio como no permitir el paso de un diplomático americano para ir a la Ópera de Berlín –que estaba del lado soviético-.

Después de Checkpoint Charlie, tocó ir a visitar un parking. Sí, un parking. ¿Por qué? Porque es la ubicación donde estaba el búnker de Adolf Hitler.

El búnker no existe porque así lo decidieron los países que entraron en Berlín. No querían sitios que se asociaran al régimen nazi, así que una vez quitaron las losas de mármol que había –que usaron los soviéticos para hacer un monumento a los soldados caídos-, directamente lo dinamitaron.

Un parking, un monumento y una foto histórica. ¿Qué más se puede pedir?

Después del famoso parking, nos dirigimos a uno de los pocos edificios que quedaron en pie en Berlín durante la guerra. El porqué es fácil de explicar: Era el Ministerio del Aire del Reich.

Este edificio –que ahora es un edificio administrativo- quedó en pie porque contenía información muy importante sobre las tropas del régimen y por ello los aliados decidieron no derribarlo.

En las inmediaciones de este edificio hay una plaza donde el régimen soviético reprimió con mucha violencia una manifestación de los berlineses del este. La llamada Sublevación del 17 de junio, ocurrida en 1953

Tras visitar la plaza, nos dirigimos al parque al lado del Museo Martin-Gropius-Brau, un museo arqueológico. Esta parada se hizo porque en ese parque existen celdas de detención… Y el museo fue usado como base para las SS del Reich.

Llama mucho la atención este museo porque conserva en sus paredes marcas de disparos –muchos- y en la entrada, los leones que la decoran están quemados y decapitados. Tal y como quedaron al finalizar la guerra.

En este parque hay un museo llamado Topografía del Terror que cuenta  historias escalofriantes de la época nazi. Un choque de realidad de cómo fueron las cosas.

El tour empezaba a llegar a su fin y durante la caminata al último destino, pasamos por la plaza Gendarmenmarkt donde se encuentran 2 de las catedrales más importantes de la ciudad: la Catedral Alemana –Deutscher Dom- y la Catedral Francesa -Französischer Dom- que son por supuesto, la Iglesia Protestante Luterana y la Iglesia Protestante Calvinista.

Por último, llegamos a la plaza Bebelplatz, junto a la Ópera y uno de los edificios de una de las universidades más famosas del mundo: La Humboldt.

¿Y qué tiene de especial esta plaza? Un monumento. ¿Qué rememora? Algo que muchos hemos visto en películas y leído en libros.

Para poner en situación, decir que el edificio de la universidad, en 1933 era la Biblioteca Nacional. ¿Te atreves a asociar? 1933, Biblioteca Nacional, Régimen Nazi empezando… Si no te das cuenta, te lo digo: La quema de libros.

El 10 de mayo de 1933, estudiantes y profesores del régimen nazi entraron en la Biblioteca y quemaron en esta plaza los libros de autores que habían decidido que debían de desaparecer.

Sinceramente a mí, estar en ese sitio fue uno de las cosas que más me impactó. Me imagino a todo ese tumulto, con los uniformes de las juventudes hitlerianas lanzando libros de las ventanas y la pila de libros quemándose en la plaza… Me recorrió un escalofrío.

Bebelplatz. Antiguo edificio de la Biblioteca. Abajo a la izquierda se ve un grupo de personas. Ahí está un monumento en recuerdo de ese momento.

Finalmente, el tour se acaba en la llamada Isla de los Museos, donde se encuentran los museos más famosos de Berlín. Pequeña parada para hablarnos del Domo de Berlín –Berliner Dom- y despedida. En definitiva, un tour muy recomendable.

Después del tour, decidimos ir a tomar algo y el guía nos recomendó ir al Barrio Judío donde hay muchos restaurantes y cafeterías. Así que pusimos rumbo al barrio dejando atrás la Isla de los Museos y caminamos un poco sin rumbo por la zona.

Por la calle que nos metimos nos encontramos sin querer con la Sinagoga de Berlín. Así que, después de tomar un refrigerio –algo calentito, que incluso durante el tour nos nevó muy ligeramente- nos dispusimos a entrar en la Sinagoga donde tienen una exposición sobre la vida de los judíos durante el Régimen Nazi.

Al salir de aquí, ya era de noche. Llevábamos caminando todo el día y el cansancio se notaba, así que pusimos rumbo al hotel. De camino, paramos a almorzar/cenar –gracias TripAdvisor– en un restaurante sirio donde estaba todo muy bueno.

Día 3. Reichstag, Tiergarten & East Side Gallery

Este día –martes- teníamos la reserva hecha para hacer la visita al edificio del Reichstag –el parlamento alemán-.

Este edificio fue uno de los tantos que terminó prácticamente destruido y que no se tocó hasta la unificación de las 2 Alemanias tras la caída del Muro de Berlín.

Una vez se reunificó Alemania, decidieron trasladar el parlamento de nuevo a Berlín –estaba en Bonn-, así que se presentó un proyecto que ganó el famoso arquitecto Norman Foster.

El nuevo edificio mantiene las paredes exteriores del antiguo, pero con un interior completamente adaptado a las necesidades del parlamento. Además, se añadió una cúpula de cristal en la parte superior donde se instaló un museo y una cafetería.

Después de pasar un par de niveles de seguridad, subimos en ascensor –cual caja de sardinas por toda la gente que metieron dentro- a la parte superior. 

La cúpula de cristal es enorme y un juego de espejos permite reflejar la luz exterior dentro del hemiciclo donde se reúne el parlamento –que si te fijas, puedes ver los asientos… Y no, no vimos a Merkel ☺-.

Reichstag. El edificio, como muchos en Berlín, impone

Tras esta visita e infinidad de fotos desde lo alto del Reichstag, decidimos dar un pequeño paseo por el Central Park berlinés: El parque de Tiergarten.

Al ser invierno, el parque es tirando a tétrico… Así que caminamos más bien poco. Sólo nos acercamos al monumento soviético dedicado a los soldados caídos, hecho con mármol del búnker de Hitler y donde están apostados los 2 primeros tanques que entraron en Berlín.

Desde aquí decidimos poner rumbo a una de las galerías abiertas más grandes del mundo: la East Side Gallery. Un trozo de Muro de Berlín con más de 1 kilómetro de largo lleno de grafitis. Muchos de ellos, muy famosos.

El paseo hasta la galería nos permitió descubrir las grandes diferencias entre los territorios aliados y soviéticos. Tanto en estética de edificios como en las propias calles.

Al llegar, nos encontramos con infinidad de grafitis que habíamos visto en fotos. Cámara y móvil en mano, allí nos dispusimos a inmortalizarlos nosotros mismos.

East Side Gallery. Una pequeña muestra

Con esta visita, ocupamos todo el día, así que, después de tomar algo, ponemos rumbo al hotel. Cogimos un tren en la estación de Berlin Ostbahnhof, salimos en nuestra parada –Bellevue- y fuimos a cenar a un restaurante donde dan comida típica alemana –de nuevo, gracias TripAdvisor-.

Día 4. Neue Museum y repaso de sitios

El guía del tour nos recomendó que, si no teníamos tiempo para visitar muchos museos –porque hay una barbaridad de ellos muy interesantes en Berlín-, que visitáramos el Museo Nuevo y el Museo de Pérgamo.

Como queríamos visitar los 2 museos y empezar a usar el transporte público para movernos un poco más rápido cuando nos apeteciera, decidimos comprar la Berlin Welcome Card

Esta tarjeta que se puede comprar por días tiene una modalidad en la que incluye las entradas a los museos de la Isla de los Museos y el transporte público durante 72 horas, además de entradas y descuentos a muchos otros sitios.

Es recomendable sin duda echarle un vistazo si se va a Berlín unos días.

De todas maneras, pensé que meternos en 2 museos de historia el mismo día era mucho, por lo que decidimos que los íbamos a repartir en un par de días.

Así que para el miércoles decidimos ir a ver el Museo Nuevo y el jueves –donde los museos amplían el horario hasta las 8 en vez de hasta las 6-, iríamos al de Pérgamo.

¿Y qué tiene de especial el Museo Nuevo de Berlín? Sin duda lo más destacado es el busto de Nefertiti.

A la izquierda, lo más cerca que vas a poder sacarle foto al busto de Nefertiti.
A la derecha, el zoom sobre la foto

Pero no sólo el busto destaca en el museo, también la colección egipcia y de arte antiguo y prehistórico. También hay que destacar el edificio en sí. Este edificio también fue destruido durante la guerra y en sus paredes han decidido dejar marcas de ella. Hay marcas de disparos y metralla en muchos salones.

Tras pasar casi 4 horas recorriendo el museo, pusimos rumbo a Checkpoint Charlie para conocer un poco esa zona, ya que durante el tour pasamos, pero prácticamente no paramos.

Mientras estábamos allí, vimos llegar una ristra de coches de Alemania Oriental que por lo que se ve, deben de alquilar a turistas para que se den un paseo. Son los Trabant, que además aparecen en uno de los grafitis más famosos del Muro de Berlín.

Después de pasear por la zona –que es una zona comercial-, decidimos dirigirnos hacia el mercado navideño de Gerdanmenmarkt a donde llegamos ya de noche. Pagamos la entrada –un euro- después de hacer una pequeña cola y ¡adentro!

El mercado estaba superanimado. Mucha gente, muchos sitios de venta de ropa, comida y artículos varios y actuaciones de unos malabaristas en un escenario –impresionante una chavala bailando encima de un cable-.

Ya estando allí, tocaba comer algo así que nos metimos en uno de los sitios de comida donde el chico alemán que nos atendió ¡nos chapurreó un poco de español! Eso sí, cuando le comenté algo en inglés ya me dijo “mejor en inglés, sí”. Un chaval muy simpático. ☺

Día 5. Classic Remise, Berlín Dom, Pergamon Museum y Postdamer Platz

El último día de Berlín decidimos dedicarlo también a museos… Pero en este caso, uno de ellos es de una de mis grandes aficiones: coches.

Classic Remise más que un museo de coches, es una colección de coches clásicos y superdeportivos en venta, garaje y taller. Para aficionados a los coches como yo el sitio es prácticamente el cielo. La colección de coches que se ve ahí es para dejar la boca abierta a cualquiera.

Coches desde 1.000 euros hasta de más de 2 millones. Y de todo tipo, coches clásicos de los años 20-30 –Bugatti, Lagonda, Aston Martin- hasta hiperdeportivos nuevos –de nuevo Bugatti, Ferrari, McLaren, Porsche…-. Vamos, un sitio increíble.

Si eres aficionado a los coches, es un lugar que hay que marcar con fuego en el calendario de visitas en Berlín. Y ya no sólo por lo que hay dentro, también las instalaciones dan mucho juego para sacar fotos. 

Yo, móvil en mano sacando chorrecientas fotos.
De fondo, una pequeñísima muestra de lo que hay dentro de Classic Remise

Y si vas a Dussendölf también hay que acordarse de Classic Remise, porque tienen otro sitio allí.

Después de pasármelo como un enano babeando con lo que allí había y sacando infinidad de fotos, tomamos el autobús para ir de nuevo a la isla de los museos. Esta vez tocaba visitar el museo más famoso de Berlín: el Museo de Pérgamo.

Al llegar a la zona nos percatamos que no habíamos tenido en cuenta la visita al Domo de Berlín, así que sabiendo que el museo cerraba a las 8 –por ser jueves- decidimos visitar el Domo primero.

El Domo por fuera impone y por dentro sorprende. La altura de la cúpula a mí me dejó boquiabierto –y no por mirar hacia arriba, que también ☺-, sino por los grabados y el precioso órgano que alberga.

Una de las cosas que nos habían recomendado era subir al mirador de la cúpula. Así que, una buena cantidad de escaleras después, nos encontramos con una vista privilegiada de todo Berlín.

Y al igual que cuando fuimos al Reichstag, te das cuenta que la ciudad está a medio hacer. ¡Y cómo impone la Torre de Telecomunicaciones! Por la falta de tiempo, nos quedó fuera del calendario tomar algo en el restaurante de la Torre.

La Torre de Telecomunicaciones, la noria de un mercadillo navideño y el Ayuntamiento Rojo

Al salir del Domo ya es casi de noche y nos dirigimos al museo de Pérgamo. Damos una minivuelta buscando la entrada porque está en obras –cómo no- y al final encontramos la entrada por lo que parecía una puerta de servicio.

Apenas entramos, nos recomiendan –casi a modo de imposición- meter las cosas en un casillero, así que dejamos chaquetas y la mochila de la cámara, recogemos la audioguía gratuita –en español- y pasamos la entrada.

Lo primero que queríamos ver era la puerta de Istar, así que dirigimos nuestros pasos a la escalera. Llegamos a la primera planta y apenas llegamos giramos a la derecha y…

La puerta es ENORME. Y lo gracioso del tema es que una vez nos ponemos a leer y escuchar sobre ella, resulta que es la antepuerta. ¡La puerta de verdad era aún más grande!

Puerta de Istar. La foto tuve que hacerla con el móvil en plan panorámica.
Imposible abarcarla con la cámara

La reconstrucción no abarca solo la antepuerta, sino también parte del camino de entrada a Istar –o Ishtar- y la verdad es que vale la pena sin duda visitar. Pero ya no sólo eso. Al pasar la puerta de Istar llegas a otra sala y la boca aún se abre algo más.

Del otro lado está la puerta del mercado griego de Mileto.
IM-PREZIONANTE.

Aunque la puerta de Mileto no está tan reconstruida como la de Istar, el tamaño es aún mayor y con muchos más detalles como las esculturas y los grabados en piedra.

Además en esta sala hay mosaicos y otra serie de esculturas que vale la pena ver.

Puerta griega del mercado de Mileto. Al igual que la otra, con móvil en panorámica

Una vez leemos, escuchamos y sacamos fotos de las puertas y lo que hay en estas salas, nuestros pasos se dirigen a ver el resto de cosas el museo.

De todas ellas también destacan 3: la fachada de Mushatta –que era parte del Palacio de Mushatta, un palacio que estaba cerca de Amman, actual capital de Jordania- la cual también impresiona por el tamaño de lo que hay dentro del museo a pesar de haber quedado muy dañada por el bombardeo de Berlín en la 2da. Guerra Mundial

Una cúpula de la Alhambra de Granada –vendida a un coleccionista en 1936- y la habitación de Alepo –una preciosa sala recibidor de la casa de un noble en la Alepo del año 1600-. 

Pero hay muchísimas cosas más en el museo de Pérgamo. Hay que tener en cuenta que este museo puede decirse que es un 3 en 1: contiene una colección de antigüedades clásicas, el museo del Antiguo Oriente y el museo de Arte Islámico.

También destaca una copia del código de Hammurabi –uno de los conjuntos de leyes más antiguos de los que se tienen registros-. Si quieres saber más, aquí te dejo el enlace a la Wikipedia: Enlace.

Después de pasar casi 4 horas dentro del museo, decidimos terminar el día acercándonos a otro mercadillo navideño ubicado en Potsdamer Platz.

Allí nos encontramos con un tobogán helado donde la gente se lanzaba en un donut de plástico. También con un megaárbol de Navidad donde no me pude resistir a sacar fotos haciendo el idiota. ☺

– Yo: ¡Bola mágica, dime el futuro!
– Bola: Vas a tardar 2 semanas en escribir el artículo sobre Berlín.

Cuando ya habíamos recorrido el mercado de una punta a la otra y viceversa, decidimos sentarnos a comer en vez de comer algo en el propio mercadillo, por lo que optamos por entrar en el centro comercial de la zona –muy bien decorado, por cierto-.

Después de zamparnos una hamburguesaca, llegaba la hora de volver al hotel. Decidimos ir caminando –por aquello de hacer un poco la digestión-, así que echamos un vistazo a Google Maps y ponemos rumbo al hotel.

Esta vez, la ruta nos llevó bordeando el parque de Tiergarten a través de una avenida un poco a oscuras –la Tiergartenstraße- donde había varias embajadas. Pasamos por delante de las embajadas de India, Sudáfrica, Turquía, Italia, Japón y la –fuertemente custodiada- embajada de Arabia Saudí.

Tras la buena caminata que nos llevó, tocó recoger todo e irse a dormir. El avión salía al día siguiente a las 2 de la tarde, así que sólo nos daba tiempo a ir a desayunar.

Día 6. Un desayuno con sello de distinción

Como no daba tiempo a mucho, decidimos levantarnos tarde e ir a desayunar a algún sitio decente. TripAdvisor nos volvió a echar una mano –ya podían pagarme alguna comisión ☺-.

Tras una búsqueda en los alrededores del hotel, nos ubicó una pastelería con mucha tradición berlinesa: Konditorei Buchwald.

Al llegar, nos encontramos con un sitio con mucho encanto –con decoración como de los años 50- y tras escoger un par de tartas de todas las que tienen –todas con una pintaza brutal-, nos sentamos en la parte de atrás a comerlas acompañadas con un buen café con leche.

Pedimos un trozo de tarta Sacher y otra con cerezas. Ambas riquísimas, por supuesto, al igual que el café.

Lo que pedimos en Konditorei Buchwald.
Si, la Sacher está cortada… ¡Pero es que le metí el tenedor antes de la foto!

Saciada el hambre, rumbo de vuelta al hotel. Recoger las maletas y a esperar el autobús que nos llevaba al aeropuerto.

Se acabó lo que se daba.

Dankeschön Berlin!


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