Para empezar este post tengo que hacer unas presentaciones primero.
A este paseo nos llevaron mis padres y de ellos no os había hablado antes.
Bego e Igna son los «culpables» de mi curiosidad viajera, desde pequeña me llevaron de un lado a otro de España, Portugal y cuando ya era un poco más mayor de viaje a Italia y tantos otros sitios que alimentaron mis ganas de ver más.
El descubrir que a tres horas de casa había otra moneda (de aquella todavía los escudos portugueses), hablaban otro idioma, había otras costumbres para mí era increíble (como el paté de sardinas).
A ellos les tengo que agradecer que no quiera parar de moverme.
Pues como siempre están en movimiento, ellos ya habían estado en este banco y preparamos una excursión para ir a verlo.
En principio al denominado «mejor banco del mundo» se puede llegar en coche, pero nosotros realizamos una ruta muy recomendable para disfrutar más del paisaje de la zona.


